es menester sintonizarse,
Habrán de comprender
lo inútil de intentar una localización,
con esa tonada recubierta de absolutamente nada.
La contradicción equipara su longitud de onda
con la distancia entre oreja y oreja,
un promedio de veinte centímetros,
con los que vuelve loco al ocasional zahorí.
Para lograr que cante
se le debe proveer de dos superficies rugosas,
paralelas y móviles,
además de dar la orden apropiada
pues hay quienes ordenan ¡canta!
y nada,
otros que gritan ¡chilla grillo de mierda!
y así menos.
Para hacerlo cantar
hay que ordenarle el silencio,
sin pronunciar,
con la precisa gesticulación
del que no dice una palabra.

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