En este agujero no hay poetas.
Solo grandes tragasables,
chupa pingas malditos,
chillones pavos reales, prodigadores de moco.
Criaturas resueltas
a ensartarse garganta abajo
los penes de sus santos ídolos
o abrazarse a sus piernas
y saborear los pedos de la poesía.
Salve mis huevos, enunciadores de mierda.
Salve mis huevos, ebrios conscientes.
Salve mis huevos, representantes del pueblo.
Salve mis huevos, jueces de ordenador, pontífices de la resistencia pasiva, discípulos del psicoanálisis.
Venga la gran mamada, siéntanse mejores,
háganlo saber con parrafitos arrechos en sus muros.
Juzguen mis recién pelados testículos.
