Espero a la tarde
que me sigan tus desalmes
y maledicencias
son tres, cuatro,cinco horas,
cinco horas de un día,
de diez, de veinte días cada una.
Espero a la tarde.
Es momento.
Y yo, cobarde, callo.
sábado, 16 de febrero de 2013
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
